Viña Montes se ha caracterizado por ir
siempre a la vanguardia, rompiendo paradigmas e innovando en cada nueva locura
que emprende.
Así lograron posicionarse en el mercado internacional como la
primera viña chilena exportadora de vinos premium, los primeros en plantar en
laderas con marcadas pendientes, pioneros en el Valle de Zapallar, entre otros.
Los desafíos son una constante en todos
quienes trabajan en Viña Montes, comenzando por su Socio Fundador, Aurelio
Montes Baseden. Fiel a su alma de soñador y pionero, Aurelio Montes sigue
sorprendiéndonos con un proyecto fuera de los límites vitivinícolas
establecidos en Chile; en tierras mágicas y con un microclima especial, hechos
que potencian su atractivo enológico.
Aurelio es un hombre apasionado, no sólo de
la enología, sino que también ama volar y navegar.
“He
podido recorrer decenas de veces el archipiélago de Chiloé, tanto por cielo,
como por mar y tierra, conociendo profundamente las islas que lo conforman. Así,
nació la idea de plantar uvas viníferas en la pequeña isla de Mechuque, un
proyecto fuera de los límites, un nuevo sueño que me propuse volver realidad.
Cada vez siento más firmemente que los
sueños hay que cumplirlos, aunque eso nos lleve a salir de los límites y probarse
uno mismo con nuevos objetivos. Luego, involucré a otros profesionales de la
viña, para que fueran aportando desde su experticia y así Chiloé tomó forma”,
detalla Montes. Aurelio está empujando personalmente el
proyecto. "Mi filosofía es echarle para adelante y lo único que nos mueve,
es el afán de hacer las cosas bien y esto provoca que, incluso, participara
activamente de la primera cosecha hace algunas semanas", declara el
empresario.
Hoy esas uvas ya descansan en el Valle de
Apalta de la mano de la enóloga Gabriela Negrete que promete perpetuar la magia
de la isla en el vino que verá la luz a fines del 2022.”
Mechuque está ubicada al este de la Isla
Grande de Chiloé y fue el lugar elegido hace tres años para la última innovadora
apuesta de Viña Montes.
" La isla se encuentra en latitudes
similares a las islas más australes de Nueva Zelandia y Tasmania, regiones
productoras de vinos.
Por un lado, estamos protegidos por el
continente y por el otro, por la Isla Grande de Chiloé. Las parras están a exactos 40 metros del
mar, con una condición climática muy especial por el efecto templado de éste,
que más parece laguna, con un grado más de temperatura que en las costas de la
V Región. No existen registros de heladas y el invierno, es menos crudo de lo
pensando.
Hemos querido ver cómo se adaptan las
plantas a un suelo de cenizas volcánicas y a este clima. Si no arriesgamos,
nunca vamos a aprender. Yo estoy convencido que nos va a ir bien", asegura
Montes.
Se plantaron 5000 vides de 5 cepas
distintas y que son Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir, que son tres cepas
con mejor comportamiento para el clima de la isla, que está muy protegida las
frías aguas del océano Pacífico.
También, se incluyeron cepas europeas como Pinot
Grigio y Gewurstraminer, Riesling y Albariño con el objetivo de evaluar su
comportamiento en esas latitudes.
La paciencia es una virtud fundamental en
la viticultura, donde se prioriza observar y esperar cómo se comporta la
tierra, las parras, las uvas y finalmente el vino. Y ese es, justamente, el
proceso que se está viviendo en la Isla de Mechuque, con la primera cosecha ya
realizada y las uvas en espera de convertirse en el primer espumante de Chiloé. “Este
es un proyecto casi de estudio, donde estamos pagando el noviciado en muchos
sentidos. Somos los primeros en plantar tan australmente e independiente de los
estudios que realizamos antes comenzar, estamos evaluando cada acción,
revisando los errores en el camino.
Es una zona que puede darnos sorpresas y
representa, un refresque para la industria vitivinícola chilena. No existe
ningún proyecto que tenga esta connotación, de investigación, con miras a algo
más potente", explica Montes.
Cuando Viña Montes se propuso posicionar el
vino chileno en el mundo hace tres décadas, sentó sus bases en el crecimiento
sustentable, un proceso que consolida junto a la reputación de sus vinos.
La sustentabilidad está en la génesis y
propósito de este proyecto. En palabras de Aurelio Montes “comenzamos a
explorar el lugar y logramos un vínculo muy especial y mágico con la comunidad
de la isla, trabajando de forma colaborativa con los habitantes de Mechuque, para
capacitarlos para que después ellos continúen desarrollándose.
Además, queremos incorporarnos de modo
orgánico a la comunidad, generando un equipo de trabajo. Esto no es un negocio
más, se trata de paisajes maravillosas, de personas muy especiales que van a
tener una fuente laboral y estamos apostando por ellos por esta tierra, por
esta cultura, por la magia que existe en este lugar en el cual, tenemos al
primer trabajador de una viña que llega a trabajar en bote, eso sin lugar a
dudas, es una maravilla.
Nos la jugamos por Chiloé, es una apuesta a
largo plazo donde estamos aprendiendo mucho y queremos generar una relación
armónica con la tierra y sus habitantes, queremos seguir innovando de la mano
con ellos”.
En un principio, un grupo de trabajadores
se trasladó desde Colchagua hasta Mechuque, a los que se sumaron habitantes de
la isla. Ha sido un proyecto lleno de desafíos, desde trasladar tractores,
maquinaria e insumos agrícolas, en barcazas desde el continente hasta la isla,
donde se incorpora a toda la comunidad.
“Este es un proyecto que me encanta, la paz
que se encuentra es maravillosa, uno se aísla, disfruta de las cosas sencillas
de la vida. Termina el trabajo y bajas a la playa a comer choritos, eso no
tiene precio” finaliza Aurelio.