Hay viajes que se organizan
sumando lugares hasta que el itinerario ya no deja tiempo para mirar alrededor.
Perú propone exactamente lo contrario: caminar más lento, dejar una tarde sin
planes y permitir que una plaza, un mercado o una conversación cambien el rumbo
del día.
Desde fines de septiembre, la
primavera abre un periodo especialmente atractivo para descubrir Lima y Cusco
desde dos ritmos diferentes.
Mientras la capital peruana
invita a recorrer barrios, restaurantes, mercados y espacios culturales, la
antigua capital del Imperio inca transita por las últimas semanas de la
temporada seca, con condiciones favorables para caminar por la ciudad y explorar
sus alrededores.
Esta manera de viajar conecta
con el crecimiento del slow travel, una tendencia que privilegia las estadías
más largas y los itinerarios menos exigentes. La propuesta no consiste en
conocer menos, sino en dedicar más tiempo a cada experiencia: sentarse a probar
una receta local, entrar a un taller de artesanía, recorrer un barrio sin una
ruta predeterminada o descubrir una celebración que no estaba considerada en el
programa.
Dos maneras de comenzar el
recorrido
Para los viajeros chilenos
existen dos alternativas. La primera es volar directamente desde Santiago a
Cusco, ruta disponible en fechas seleccionadas. La segunda es viajar a Lima y
continuar posteriormente en un vuelo interno, transformando la conexión en una
primera etapa del recorrido.
En este último itinerario
INNSiDE Lima Miraflores estratégicamente ubicado en el centro de Miraflores,
permite comenzar el viaje desde una dimensión urbana y contemporánea de Perú.
Desde Miraflores es posible
visitar la Huaca Pucllana, caminar por el malecón, recorrer el Parque Kennedy o
acercarse a Barranco para descubrir sus galerías, casonas, restaurantes y
espacios culturales.
La gastronomía también puede
marcar el inicio de la experiencia. El hotel cuenta con 352 Gastrobar, cuya
cocina combina sabores peruanos e internacionales, y con Cataleya Rooftop Bar,
ubicado junto a la piscina del décimo piso y pensado para terminar el día entre
tapas, cócteles y vistas de la ciudad.
“Combinar Lima y Cusco permite
descubrir dos expresiones diferentes y complementarias de Perú. Lima entrega
una experiencia urbana, gastronómica y creativa, mientras Cusco invita a
relacionarse con la historia, el paisaje y la cultura andina desde otro ritmo.
La conexión deja de ser una
escala y se transforma en parte del viaje”, señala Pier Paolo Spigno Morey,
Gerente General de INNSiDE Lima.
Cusco comienza mucho antes de
salir de la ciudad
Al llegar a Cusco, uno de los
primeros consejos es evitar un programa demasiado exigente. La ciudad se
encuentra a más de 3.300 metros sobre el nivel del mar, por lo que dedicar las
primeras horas a descansar, hidratarse y realizar caminatas suaves no significa
perder tiempo, sino prepararse para disfrutar mejor la estadía.
Ubicado en plena Avenida El
Sol, Hotel Cusco La Paccha Affiliated by Meliá permite iniciar ese recorrido a
pie. Frente al establecimiento se encuentra la Paccha Pumaqchupan, una cascada
urbana cuyo nombre se relaciona con la representación histórica de Cusco como
un puma.
Desde allí, una ruta caminable
conecta el Mercado Artesanal, el Centro Qosqo de Arte Nativo, el Qorikancha y
la Plaza de Armas.
El trayecto reúne artesanía, música, danza,
arquitectura inca y construcciones coloniales, sin necesidad de convertir el
día en una sucesión de traslados.
“Cusco se disfruta mejor
cuando existe tiempo para observarlo. No se trata únicamente de visitar
monumentos, sino de descubrir cómo su historia continúa presente en las calles,
los tejidos, la música, la gastronomía y la vida cotidiana.
Desde La Paccha buscamos ser
un punto de partida para vivir esa conexión de manera cercana y respetuosa”,
explica Delizabeth Huaman, gerente general de Hotel Cusco La Paccha Affiliated
by Meliá.
Desde el Hotel Cusco La Paccha
Affiliated by Meliá se puede recorrer algunos de los principales espacios
patrimoniales de la ciudad a escala humana. La Avenida El Sol conduce hasta el
Qorikancha, antiguo Templo del Sol, donde los muros incaicos conviven con la
arquitectura colonial del Convento de Santo Domingo.
La caminata puede continuar
hacia la Plaza de Armas, entre iglesias, museos, talleres, cafeterías y
construcciones que conservan el trazado del centro histórico. Otros recorridos
permiten descubrir el barrio de San Blas, sus talleres de artistas y artesanos,
o subir hasta miradores como San Cristóbal y Cristo Blanco.
A corta distancia del centro
se encuentra Sacsayhuamán, uno de los complejos arqueológicos más
representativos de Cusco. En lugar de incorporarlo como una parada breve dentro
de un circuito acelerado, la propuesta es dedicarle tiempo suficiente para recorrer
sus construcciones, observar la ciudad desde la altura y comprender su relación
con el antiguo territorio inca.
El Valle Sagrado merece más de
un día
Fuera de la ciudad, las
alternativas permiten extender el viaje durante varias jornadas. El Valle
Sagrado reúne localidades y sitios como Písac, Chinchero, Maras, Moray y
Ollantaytambo, además de talleres textiles, mercados, terrazas agrícolas y
paisajes atravesados por el río Urubamba.
El llamado Valle Sur ofrece
otra ruta posible por Tipón, el complejo arqueológico de Pikillaqta y la
iglesia de San Pedro de Andahuaylillas.
Para quienes buscan naturaleza
y caminatas existen alternativas como Palccoyo, Vinicunca o la laguna Humantay,
siempre considerando la altura, la condición física y las condiciones
meteorológicas.
La recomendación coherente con
el slow travel es elegir en lugar de coleccionar. En vez de intentar recorrer
cinco lugares durante una sola jornada, es preferible dedicar un día completo a
una zona, conversar con sus habitantes, conocer sus oficios y detenerse a comer
sin revisar el reloj cada siete minutos.
“Muchas veces se intenta
concentrar Cusco y el Valle Sagrado en pocos días, pero el destino entrega una
experiencia mucho más profunda cuando se recorre sin prisa. Permanecer más
tiempo permite distribuir las actividades, adaptarse mejor a la altura y generar
un vínculo más auténtico con los lugares y las personas”, agrega Delizabeth
Huaman.
Conocer Cusco también es
sentarse a la mesa
La gastronomía permite
continuar ese acercamiento al territorio. En Hotel Cusco La Paccha Affiliated
by Meliá, la propuesta incorpora productos peruanos como quinua, choclo, trucha
y aguaymanto, además de preparaciones como ají de gallina, lomo saltado y una
versión de ceviche elaborada con trucha.
En Kusiy Bar, cuyo nombre en
quechua alude a la alegría y la felicidad, la carta utiliza ingredientes como
tumbo, aguaymanto y muña. Su propuesta también incorpora Matacuy, un licor
artesanal elaborado con destilado de caña y una selección de hierbas, raíces y
flores andinas.
La relación con la cultura
local también aparece en otros espacios del establecimiento. El hotel exhibe
diez obras del artista textil peruano Máximo Laura y entrega gratuitamente un
espacio a artesanas de Chinchero para presentar sus tejidos y productos a los
huéspedes.
“La cocina es una forma
directa de comprender el territorio. Cada ingrediente habla de una altura, una
temporada y una manera de relacionarse con el paisaje.
Por eso buscamos que la
experiencia gastronómica no sea solo un complemento, sino otra puerta de
entrada a la diversidad cultural de Cusco”, comenta Delizabeth Huaman.
Machu Picchu puede
incorporarse al recorrido cuando existan entradas, transporte y condiciones
adecuadas. Pero si la ciudadela no forma parte del itinerario, Cusco no se
convierte en una antesala incompleta. La ciudad, sus valles, sus sabores,
paisajes y tradiciones tienen entidad suficiente para sostener una experiencia
completa.
Viajar más lento no significa
renunciar a conocer. Significa regresar recordando algo más que una lista de
lugares visitados.
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