La Antártica enfrenta una
amenaza silenciosa: la contaminación lumínica. Un equipo
multidisciplinario del Programa Nacional de Ciencia Antártica, administrado por
el Instituto Antártico Chileno (INACH), se ha propuesto estudiar cómo este
fenómeno de origen antropogénico, derivado de la operación de las bases, las
embarcaciones y la actividad turística, está alterando los ciclos biológicos de
las diversas especies en el Continente Blanco.
Con el propósito de estudiar
el efecto conjunto de la contaminación lumínica y el incremento de las
temperaturas en los entornos costeros, se desarrolla el
estudio “Alteración de los ecosistemas polares: la contaminación lumínica
podría modificar los efectos ecológicos del calentamiento
global” (Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution may alter the
Ecological Effects of Global Warming - DIPOLE), con el respaldo financiero del
programa Anillos de Investigación Antártica de la Agencia Nacional de
Investigación y Desarrollo (ANID/ATE250041).
En su ejecución participan
investigadoras e investigadores de la Universidad Andrés Bello, la Universidad
de Concepción y la Universidad de Playa Ancha, y colaboran instituciones
internacionales como University of Prince Edward Island (Canadá), University of
Plymouth (Reino Unido), Università di Pisa (Italia), Universidade do Algarve
(Portugal), The University of North Carolina at Chapel Hill (Estados Unidos) y
University of Khorfakkan (Emiratos Árabes Unidos).
Durante julio, el equipo
científico llevó a cabo las etapas iniciales de esta investigación en Punta
Arenas, trabajando en las instalaciones
del edificio de laboratorios Embajador Jorge Berguño del INACH,
en particular en los acuarios con especies antárticas vivas.
Un estresor poco
estudiado
A diferencia de otras amenazas
ambientales estudiadas en la Antártica, tales como el incremento de las
temperaturas, las especies invasoras, los microplásticos u otros agentes
contaminantes, el impacto de la luz artificial de origen antropogénico sigue siendo
un enigma para la ciencia.
Debido a que se trata de
ecosistemas complejos donde interactúan múltiples factores ambientales, las y
los investigadores recurren a la ecofisiología experimental en el laboratorio
para aislar las variables y medir el impacto real de cada estresor y su interacción.
“Nos encontramos con la
sorpresa de que existe una gran cantidad de estudios desarrollados en la
Antártica que evalúan distintos estresores ambientales, pero la contaminación
lumínica asociada a actividades antropogénicas no está desarrollada; existen pocos
que evalúen el impacto de la luz en ambientes antárticos”, comenta el Dr. José
Pulgar, director del proyecto DIPOLE e investigador de la Universidad Andrés
Bello.
Advierte que la luz artificial que emana de los buques y de las bases —muchas veces encendidas de forma constante— puede causar efectos en cascada sobre los ecosistemas.
“Los organismos alteran sus
patrones de actividad; el tiempo activo es mucho mayor, por lo tanto, eso
impacta a las interacciones biológicas en las que están involucrados. No es
solo que el animal pueda tener un mayor gasto de oxígeno, sino que hay consecuencias
ecológicas a nivel molecular, poblacional, comunitaria y, finalmente,
ecosistémicas, lo que abre una puerta increíble para el desarrollo de
investigación de frontera”, menciona.
Los científicos están operando
un sofisticado sistema de mesocosmos (cámaras experimentales controladas) en el
laboratorio del INACH. Mediante esta técnica, someten a distintas especies
subantárticas que son de los mismos grupos taxonómicos que las de la Antártica,
a rigurosos niveles combinados de luz y temperatura.
“Lo que hemos implementado
ahora es un mesocosmos que tiene dos niveles de contaminación lumínica (con y
sin luz artificial) y dos niveles de temperatura. Evaluamos la temperatura de
control histórico de Punta Arenas (7 °C) y un tratamiento de 9 °C.
Sabemos que la Antártica sufre incrementos de temperatura por el calentamiento
global, pero cómo interactúa esto con otros estresores como la contaminación
lumínica es desconocido”, afirma Pulgar.
Las simulaciones de
laboratorio contrastan condiciones lumínicas de 4.000 lux (medida de intensidad
de la luz) para el día y un rango de 20 a 25 lux para la noche, una medición
promedio real de la luz artificial en el borde costero de Punta Arenas. Entre
los ejemplares analizados figuran peces, mitílidos (como el
chorito Mytilus chilensis), macroalgas y zooplancton.
Antesala para su exploración
en Antártica
Este paso es el preámbulo para
su despliegue en el Continente Blanco durante la LXIII Expedición
Científica Antártica (ECA 63) del INACH, donde el equipo replicará estas
mediciones, empleando los acuarios que están en la base “Profesor Julio
Escudero”, que son iguales a los que se encuentran en Punta Arenas.
Sus actividades en terreno se
planifican para los meses de enero y febrero, período que coincide con la
activación del turismo, el movimiento de los barcos y el despliegue de botes
zodiac en la zona de la bahía Fildes.
En dicho lugar, el equipo
evaluará en terreno la magnitud de los gradientes de luz de las
infraestructuras costeras y el impacto directo de este estresor sobre especies
que habitan a baja profundidad o en zonas intermareales.
“Trabajaremos con especies que pertenecen a distintos grupos taxonómicos y en diferentes niveles de las cadenas tróficas, desde productores primarios hasta carnívoros, como el pez Harpagifer antarcticus, Nothotenia coriiceps, el erizo antártico (Sterechinus neumayeri) y el kril (Euphausia superba), que es una especie bandera de estos ambientes”, detalla.
Respecto al valor metodológico
de trabajar previamente en Punta Arenas, Pulgar destaca: “El poder estar acá
ahora nos permite trabajar con organismos cercanos taxonómicamente a los que
estudiaremos allá y continuar parte de los experimentos aquí.
Toda la infraestructura y la
disposición que el INACH nos ha facilitado para trabajar ha sido increíble,
además, nos ha permitido obtener los primeros datos de nuestro proyecto”.
El proyecto DIPOLE contempla
tres años de ejecución y podría entregar información científica de alto valor
para apoyar la toma de decisiones respecto del uso de la luz artificial en uno
de los entornos más prístinos del planeta.
El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión.
El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).



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