Reconocida como Ciudad
Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, Belém se destaca por una cocina que
mezcla influencias indígenas, africanas y europeas, con ingredientes frescos de
la selva.
Más que sabor, su comida es una herramienta de identidad, inclusión social y desarrollo sostenible.
Y nada
representa mejor este universo que el Mercado Ver-o-Peso, donde los aromas de
hierbas, raíces y especias exóticas se mezclan en platos que revelan mucho más
que el famoso açaí.
Belém está rodeada por 42
islas que impresionan por su belleza e inmensidad. Son escenarios perfectos
para pasar el día sumergiéndose en los ríos amazónicos. Basta un paseo en barco
de apenas 20 minutos, saliendo del centro de la ciudad, para llegar a la Isla
de Combu, que es la cuarta mayor de Belém.
Allí, el visitante puede
adentrarse en los igarapés (pequeños ríos o canales que conectan con los ríos
más caudalosos) de aguas cristalinas, comunidades ribereñas llenas de
historias, bares y restaurantes que sirven lo mejor de la cocina paraense,
además de una pausa obligada: la famosa fábrica de chocolate artesanal, donde
es posible conocer de cerca la producción del cacao amazónico y probar
chocolates que allí se producen.
La experiencia comienza con un paseo en lancha desde Belém, saliendo a la nueve de la mañana.
En pocos minutos, el paisaje urbano da paso al verde intenso de la selva y a las aguas tranquilas que conducen a la Isla del Combu.
Allí, el tiempo parece ralentizarse.
Y es a ese otro ritmo que llegas a la casa de Doña Nena, conocida como la Hija
del Combu.
En su pequeña propiedad
agroforestal, donde el cacao y las frutas nativas crecen junto a castaños y
samaúmas, Doña Nena comparte lo que sabe con generosidad; guía a los visitantes
a través del ciclo del cacao —desde el manejo del fruto, pasando por la fermentación
y el secado de las semillas— hasta el momento mágico en que el grano se
transforma en chocolate artesanal hecho a mano.
La visita termina con un refrigerio regional lleno de chocolates, mermeladas, frutas y esa sensación de no querer irse.
Pero hay una forma de llevarse un pedazo de ese momento: barras
de chocolate, mermeladas de cupuaçu y otros productos hechos allí, con lo que
el bosque ofrece y la mística transforma.
La siguiente parada de este recorrido es la Saldosa Maloca, donde los visitantes son recibidos por la anfitriona, Prazeres Quaresma, una mujer fuerte, hija de la isla y guardiana de tradiciones que se transmiten de generación en generación.
El açaí que allí se produce no proviene solo de la palmera, sino de tradiciones que enseñaron a plantar, cosechar, lavar y moler con las propias manos.
El ritual comienza con una
visita a la plantación, donde los trabajadores, conocidos
como peconheiros, cosechan el açaí —son escaladores expertos que
suben a la copa de las palmeras para recoger el fruto— y cómo se procesa de
manera artesanal.
Luego viene la parte más
deliciosa: probar el açaí puro y cremoso, servido como lo prefieren los
habitantes de Pará, es decir con pescado asado, harina de tapioca (yuca) o
incluso transformado en helado cremoso. Cada cucharada es una explosión de
sabor.
A continuación, el paseo incluye un almuerzo ribeirinho que celebra los sabores de la Amazonía, con todo fresco y producido localmente.
El plato principal es un
pescado asado a la brasa, acompañado del desafiante jambú —una planta
comestible nativa de la Amazonía que produce una sensación de hormigueo en la boca—
y del clásico tacacá, una sopa cremosa hecha con tucupí y camarones secos.
Para completar, una selección
de frutas regionales como cupuaçu, bacuri y taperebá, que equilibran
perfectamente la comida. Todo se sirve en una mesa sencilla, pero llena de
significado, donde la selva alimenta no solo el cuerpo, sino también el alma de
las comunidades ribereñas. Cada bocado es una lección de gastronomía sostenible
y una conexión genuina con la cultura local.
Creada por el artista Sebá
Tapajós, el proyecto ha dado color a más de diez casas sobre pilotes con
murales firmados por artistas de diversas partes de Brasil y del mundo.
Cada pintura es un retrato de la vida ribereña, realizada con tinta especial para proteger la madera y preservar la memoria.
Al navegar entre las casas, el barco se desliza lentamente y el arte va surgiendo entre las orillas, los reflejos en el agua y las sonrisas de los moradores. Es como si el río hablara de pertenencia, belleza y resistencia.
La amazonia tiene sus exigencias para los viajeros, que incluyen llevar ropa ligera, protector solar, repelente y un sombrero.
El acceso más directo a la región es a través de la
ciudad de Belem, que recibe vuelos nacionales e internacionales a través del
Aeropuerto Internacional de Belém (Val-de-Cans).
Una opción para recorridos
sostenibles la ofrece Kayré Experiencias,
una empresa local dedicada a transformar el panorama turístico amazónico,
ofreciendo experiencias inolvidables y difundiendo la cultura y la gastronomía
de Pará hacia el resto del mundo.
Brasil tiene alrededor de 600.000 hectáreas cultivadas de cacao, unos 75.000 productores (muchos de los cuales son pequeños emprendimientos familiares) y se ubica entre los mayores del mundo.
Su producción está concentrada sobre todo en los estados de Bahía y Pará, la región que más creció en las últimas décadas y hoy disputa el liderazgo nacional.
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