Es clásico. Pero la verdad es que la mitad de la gente mete a la mochila un par de botellas de agua, un bloqueador, un paquete de galletas y da por listo el panorama.
Ahí es donde empiezan las
complicaciones. Un cambio de clima imprevisto, una caminata que se alargó más
de la cuenta o el viento que no te deja prender la cocinilla pueden transformar
un paseo increíble en un problema.
Constanza Lewin, de Ronson
Latinoamérica, lo resume muy simple: el error más peligroso afuera siempre es
confiar de más. "Encender fuego sin mirar cómo está el viento, irse
dejando brasas a medias o pensar que una chispa volando no hace nada... ahí es
donde pasan las desgracias".
Armar la mochila sin volverse
loco
No hace falta llevarse la casa
a cuestas para un trekking de un día o un fin de semana acampando, pero hay
cosas lógicas que salvan. Vestirse como cebolla, por capas, sigue siendo
la mejor estrategia para no morir de frío ni de calor. El agua, siempre más de
la que crees que vas a tomar. Un botiquín básico para los rozamientos y las
ampollas (que nunca faltan con las zapatillas de trekking) y una linterna. Sí,
aunque pienses volver antes de que oscurezca. Si te doblas un tobillo y te
atrasas dos horas, la linterna pasa a ser tu mejor amiga. Ahora, cuando toca
cocinar o prender fuego, la cosa tiene sus trucos.
No todos los encendedores
sirven para lo mismo
Parece un detalle tonto, pero
llevar cualquier encendedor al cerro suele fallar. Si hay mucho viento, el
típico de plástico no prende ni a palos; ahí conviene uno de llama Jet (de los
que tiran aire a presión). Si vas a subir alto, arriba de los 2.500 metros, los
encendedores electrónicos con botón a veces no responden por la presión del
aire. En esos casos, el clásico encendedor de rueda y piedra de toda la vida es
el que no te va a dejar tirado.
Lo mismo pasa con el gas. Para
las cocinillas portátiles hay cartuchos específicos con rosca (como los de
norma UNE-EN 417 de 190 gramos) que quedan firmes y no filtran. Es clave
revisar bien las gomas y las conexiones antes de salir de la casa, no cuando ya
estás con hambre en el camping.
Una regla de oro: la cocinilla
nunca entra a la carpa
Si empieza a correr viento
helado o a lloviznar, da tentación meter la cocinilla adentro de la carpa para
calentar agua. No lo hagas. Entre el riesgo de incendio en un espacio de
plástico y la acumulación de monóxido de carbono, es una pésima idea. Cocina
siempre afuera, en un lugar plano y resguardado.
Al final, disfrutar del aire libre es cuestión de sentido común. Disfrutar del fuego mientras se cocina o se comparte es parte del paseo, pero antes de guardar todo y volver a la ciudad, hay que tomarse diez minutos para apagar todo con agua y tocar el suelo. Si todavía sale humo o está caliente, no te puedes ir. Dejar la naturaleza tal como la encontraste es la única forma de asegurar que podamos volver la próxima semana.

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