El reciente Congreso de ACHET
en Arica dejó una convicción que, desde la industria, debiéramos tomar con
fuerza: Chile tiene una enorme oportunidad para hacer del turismo un motor
mucho más relevante de su economía, pero para lograrlo no necesariamente tenemos
que empezar de cero. Tenemos que aprender a trabajar mejor con lo que ya
tenemos.
Las cifras muestran que
estamos frente a una industria de peso. El turismo representa hoy el 2,8% del
PIB directo y genera el 7,6% del empleo nacional. En 2025, Chile recibió más de
seis millones de turistas extranjeros y generó US$4.157 millones en ingresos
por turismo receptivo. Son números que confirman que el turismo dejó hace
tiempo de ser una actividad complementaria: es una industria que genera empleo,
inversión y desarrollo en todo el territorio.
Sin embargo, también tenemos
desafíos. Durante los primeros cuatro meses de 2026, las llegadas
internacionales disminuyeron 19,5%, principalmente por la caída del mercado
argentino. Al mismo tiempo, otros mercados como Estados Unidos, China,
Australia, Canadá y Perú mostraron crecimientos importantes. Esto demuestra que
tenemos que seguir diversificando nuestra demanda y fortaleciendo nuestra
capacidad de atraer visitantes de distintos países.
Pero hay otro desafío que como
industria debemos abordar con la misma urgencia: desarrollar un turismo interno
potente.
Chile tiene destinos
extraordinarios, pero muchas veces la existencia de un atractivo no se traduce
automáticamente en un producto turístico. Para que eso ocurra se necesita
conectividad, servicios, personas capacitadas, experiencias diseñadas para el
viajero y, fundamentalmente, canales que permitan comercializarlas.
La experiencia de Arica es una
buena demostración de que se puede avanzar rápido cuando existe coordinación.
En pocos meses, el trabajo conjunto entre autoridades, municipios, asociaciones
locales, instituciones de formación y empresas permitió identificar productos
turísticos y capacitar a quienes están detrás de la experiencia del visitante.
Ahí vemos una de las claves
del futuro de la industria: conectar mejor la oferta con la demanda. No basta
con que un destino tenga potencial; debemos lograr que ese potencial se
transforme en viajes concretos, accesibles y atractivos para los chilenos y para
quienes nos visitan.
Cuando el turismo crece, el
impacto se distribuye mucho más allá de una agencia, un hotel o una aerolínea.
Llega al restaurante, al guía, al emprendedor, al comercio local y a las
familias que viven de esta actividad.
Por eso, en este Día Mundial
del Turismo, el desafío no debiera ser solamente preguntarnos cuántos turistas
queremos recibir. Debiéramos preguntarnos cómo hacemos para que más personas
viajen por Chile, durante todo el año, y para que cada viaje genere más valor
en nuestros territorios.
Tenemos los destinos. Tenemos
la industria. Tenemos las personas. Ahora necesitamos trabajar juntos para
convertir todo ese potencial en viajes.
Acerca de Cocha
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