El resultado puede ser una
ingesta calórica y de grasa considerablemente mayor, cuyos efectos en la salud
pueden extenderse más allá de las celebraciones y traducirse en aumento de
peso, pero también en cambios metabólicos que no necesariamente son visibles y
cuya magnitud depende del estado de salud previo de cada persona.
La evidencia disponible sobre
otros periodos festivos permite dimensionar este fenómeno.
Un análisis publicado en Nutrients (2023) revisó 10 investigaciones con más de
4.600 participantes y concluyó que durante las fiestas de fin de año el aumento
de peso promedio oscila entre 0,4 y 0,9 kg, una cifra que puede parecer
pequeña, pero difícil de revertir en los meses siguientes.[1]
“Cuando en pocos días existe
un aumento de aporte calórico y no de buena calidad, con exceso de grasa y de
alcohol, pueden generarse cambios metabólicos directos, como así también
favorecer alteraciones de los niveles de glicemia, de resistencia a la insulina,
de hígado graso, hipertrigliceridemia y dislipidemia”, explica Javier Vega,
médico diabetólogo de la Red de Salud UC Christus.
El especialista señala que
estos cambios metabólicos se relacionan con la forma en que el organismo
responde al aumento de peso. “Para el cuerpo, la reserva de energía funciona
como un mecanismo de defensa.
Cuando el peso aumenta
rápidamente, el organismo tiende a conservar esa nueva reserva y adapta su
metabolismo para evitar gastarla. De la misma forma, cuando intentamos bajar de
peso mediante un déficit calórico, el cuerpo puede interpretarlo como una amenaza.
Por eso es tan fácil subir de peso y tan difícil bajar”, agrega.
Según Vega, alteraciones de
triglicéridos, colesterol o hígado graso pueden exacerbarse rápidamente: “Muchas
personas comienzan a modificar sus hábitos durante casi todo septiembre,
haciendo que el efecto se prolongue más allá de los días centrales de las
celebraciones”.
La doctora Camila Hernández,
médico nutrióloga del Hospital de La Florida y de la Clínica Universidad de los
Andes, explica que el organismo de personas sanas tiene una importante
capacidad de adaptación frente a periodos breves de alta ingesta.
Pero el panorama puede ser
diferente cuando existen condiciones previas como obesidad, diabetes,
enfermedades del hígado, de los riñones, o antecedentes de colesterol elevado.
“En personas con alguna
condición o predisposición, podemos ver que el aumento del consumo de azúcares
sí podría elevarles las glicemias de manera transitoria. Por otro lado, el
consumo de sal excesivo podría generar elevaciones transitorias de la presión
arterial”, explica Hernández.
El consumo de las
preparaciones típicas puede hacer que sea fácil superar las necesidades
calóricas diarias durante Fiestas Patrias. “Una empanada de pino tiene
alrededor de 500 calorías. Para ponerlo en perspectiva, una mujer de 1,50
metros puede requerir cerca de 1.400 calorías al día, mientras que un hombre de
entre 1,70 o 1,75 metros puede necesitar entre 1.800 y 2.000. Todo lo que se
consume por sobre ese requerimiento se va sumando como un exceso calórico y, si
ese exceso llega a unas 7.000 calorías, puede traducirse en un aumento de
alrededor de un kilo de peso”, detalla Hernández.
Cómo enfrentar las
celebraciones
La preocupación por el impacto
de estos excesos cobra especial relevancia en Chile, donde la obesidad alcanza
a una proporción importante de la población. Según el informe Health at a
Glance 2025 de la OCDE, el 31% de los adultos en el país presenta obesidad, por
sobre el promedio de 19% registrado entre los países de la organización. 2
Para quienes viven con
obesidad, la recomendación no pasa necesariamente por dejar de lado las comidas
tradicionales. El foco está en las porciones y en distribuir las distintas
preparaciones entre los días de celebración, evitando concentrarlas todas en
una misma jornada.
“Si un día comí más calorías
de lo habitual, al siguiente puedo optar por comer más liviano y evitar los
carbohidratos y azúcares presentes en preparaciones como los postres o el mote
con huesillo. La clave es el equilibrio”, señala la Dra. Hernández.
Las bebidas son otro elemento
que entra en la cuenta durante estos días. En el caso de un terremoto, por
ejemplo, se estima que un vaso puede aportar hasta 500 calorías. “Hay que tener
mucho cuidado con el consumo de alcohol, porque muchas veces no se consideran
las calorías que se están tomando en un líquido, que además genera menos
sensación de saciedad que la comida. Por eso es importante no subestimarlas: el
alcohol entra en la misma ecuación que los alimentos”, advierte Hernández.
Acerca de Adium: Con
50 años de experiencia y presencia en 18 países, Adium se ha consolidado como
líder en el sector farmacéutico de Latinoamérica. Nuestro propósito es acercar
tratamientos innovadores que mejoren la calidad de vida.
CL--2600947
[1] https://www.mdpi.com/2072-6643/15/19/4201


No hay comentarios:
Publicar un comentario