El resultado representa un significativo avance para la capital chilena, que ascendió 23 lugares respecto de la medición anterior, cuando ocupó la posición 48.
Además, se
transformó en la ciudad latinoamericana mejor evaluada del listado y en la
segunda mejor del continente americano, siendo superada únicamente por la
ciudad de New York City, que alcanzó el puesto 23.
Según el
informe, Santiago destaca por combinar historia, patrimonio y una oferta
urbana que favorece los desplazamientos a pie. "Santiago es una
ciudad con alma andina que se asoma al Pacífico desde los pies de los
Andes", señala el reporte, que también resalta la posibilidad de recorrer
caminando sectores como Lastarria, galerías de arte, cafés y espacios
culturales con la cordillera como telón de fondo.
El ranking fue liderado
por ciudades europeas. El primer lugar quedó en manos de Roma, seguida por
Madrid, Budapest, Praga, Lisboa y Amsterdam. En América Latina, detrás de
Santiago aparecen Medellín (32), Mexico City (33) y Buenos Aires (34).
Los barrios que impulsan
la caminabilidad
Para Américo Ibarra, académico
de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Universidad de
Santiago, el reconocimiento responde a la consolidación de varios sectores
urbanos que han logrado generar condiciones favorables para el desplazamiento
peatonal.
"En Santiago
destacan varios sectores que han logrado consolidar un tejido urbano favorable
a la caminata. El centro histórico, con barrios como Lastarria, Bellas
Artes y parte de Yungay, combina alta densidad, mezcla de usos y patrimonio
arquitectónico, lo que genera recorridos atractivos y seguros", señaló
a Diario Usach el profesional.
El investigador del Observatorio
de Políticas Públicas del Territorio agregó
que el Barrio Italia y el eje Providencia-Nueva Providencia también se han
convertido en referentes por integrar comercio, servicios, vivienda y
actividades culturales. A ello se suma el fortalecimiento de sectores como
Plaza Ñuñoa y sus alrededores, donde la presencia de plazas, cafés y
equipamientos comunitarios ha reforzado su carácter peatonal.
Ibarra explicó que una
ciudad caminable requiere mucho más que buenas veredas. A su juicio, son
fundamentales elementos como cruces seguros, iluminación adecuada,
espacios públicos de calidad y una planificación que permita acceder a
servicios esenciales en trayectos cortos.
"Una ciudad amigable para
quienes caminan es aquella que integra la caminata como parte de un sistema de
movilidad sostenible. La mezcla de usos favorece que las distancias sean más
cortas y que los recorridos tengan sentido para las personas", indicó.
Beneficios para la calidad de
vida
El académico sostuvo que las ciudades caminables generan impactos positivos en distintos ámbitos. Entre ellos, destacó la mejora de la salud física y mental de las personas, el fortalecimiento de la cohesión social y la reducción de emisiones contaminantes al disminuir la dependencia del automóvil.
"Caminar facilita el
encuentro entre vecinos y la apropiación del espacio público. Además, favorece
el comercio local y contribuye a la vitalidad económica de los barrios",
afirmó.
Finalmente, Ibarra señaló que el diseño urbano influye directamente en la decisión de desplazarse a pie. Mientras calles con arbolado, veredas continuas y fachadas activas invitan a recorrer la ciudad, las grandes avenidas, las barreras físicas y los espacios poco funcionales suelen desincentivar la caminata.


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