Entre tazas de café, presentaciones artísticas y conversaciones cruzadas entre generaciones, el lugar se ha transformado en un polo cultural y social que dialoga con la historia, la política y la vida comunitaria de uno de los barrios más emblemáticos de Santiago.
La última semana, el
proyecto alcanzó proyección nacional tras la presencia del presidente Gabriel Boric, vecino del sector, quien
participó en un encuentro cultural junto al cantautor Chinoy. En un ambiente
íntimo y cercano, el Mandatario compartió una reflexión sobre el momento que
atraviesa el país, en sintonía con el espíritu del lugar.
“Están difíciles los tiempos,
están duros. Y cuando los tiempos están duros es importante volver a
los orígenes, y el origen más importante, y donde nace todo, creo, es
compartir, mirarnos a los ojos, querernos un poquito más”, expresó Boric ante
los asistentes, en una intervención que rápidamente se viralizó en redes
sociales.
Una cafetería con identidad
barrial
La elección de Barrio Yungay
no fue casual. Desde sus inicios, el equipo detrás de la Cafetería Popular
buscó instalarse en un territorio con fuerte identidad comunitaria. “Justo
cuando nos mudamos había una actividad de barrio, donde había mucha gente,
estaban pasando muchas cosas y nos llamó la atención.
Casi con certeza supimos
que este era el lugar donde teníamos que tener nuestra casa”, comentó
a Diario Usach Pedro Tapia (42), uno de los socios
fundadores del negocio, que recibe a decenas de personas, muchas de ellas
extranjeras, que buscan sumergirse en un espacio de la historia política,
cultural y social del país.
Para sus impulsores, la
Cafetería Popular se define por una propuesta clara: rescatar y mantener
viva la identidad del barrio. “Lo primero es rescatar la identidad, mantenerla
viva. Y el barrio tiene eso”, explicó Tapia.
Bajo esa premisa, el espacio
no solo ofrece café, sino también una programación cultural permanente. Por
su escenario han pasado músicos, escritores y artistas de diversas disciplinas.
Hay lanzamientos de libros, presentaciones musicales y debates abiertos.
El lugar también se ha
convertido en un espacio de estudio y reflexión colectiva. Un ejemplo que
sus gestores destacan con especial cariño ocurrió hace pocas semanas: “Llegaron
tres jóvenes, dos niñas de 17 años y un niño de 18, a proponernos un ciclo de
cine popular. No solo cine, sino reflexión posterior de las películas. Me parece
increíble”.
Un espacio intergeneracional
Uno de los sellos más potentes
de la Cafetería Popular es su capacidad de reunir a personas de distintas
edades y trayectorias. “Cuando entran acá, todos son iguales”, sostiene
Pedro Tapia. En una misma mesa pueden coincidir adultos mayores que llegan
con recuerdos de la Unidad Popular como carnets militantes, fotos del 73,
libros, etc., junto a jóvenes y escolares que ocupan mesas completas para
compartir un café después de clases.
“De repente te vas a encontrar
con mesas de diez escolares tomando café y al otro lado personas reunidas
recordando épocas pasadas”, comentó Alejandro Nogales (37), el segundo
socio a cargo del proyecto, quien destaca el carácter transversal del espacio.
“La gente sabe que llega al
Barrio Yungay, a la Cafetería Popular, y sabe dónde viene. Sabe que es un
sitio de memoria, que tiene una identidad”, afirmó Nogales. Esa claridad,
lejos de cerrar el espacio, lo ha convertido en un punto de encuentro abierto y
dispuesto al diálogo, donde la cultura, la música y la conversación política
conviven de manera natural.
Oferta gastronómica
En el ámbito
gastronómico, la Cafetería Popular ha buscado romper con un prejuicio
arraigado: la idea de que lo popular es sinónimo de baja calidad. “Todo lo que
vendemos es artesanal y de buena calidad. Siempre hemos creído que lo popular
no se puede asociar a la mala calidad”, señaló Alejandro Nogales.
Bajo esa convicción, el local
ofrece pastelería artesanal elaborada por dos pasteleras con altos
estándares de manufactura, una propuesta que ha tenido una excelente recepción
entre el público, sorprendiendo incluso a quienes dudan de que las
preparaciones sean realmente caseras.
La apuesta se complementa
con café de especialidad, catalogado entre los mejores, y una oferta
inclusiva que considera opciones veganas en toda la carta. Leches
vegetales para café, matcha o chai, chocolate vegano y alternativas de
repostería como torta vegana de Oreo o de chocolate forman parte de una
propuesta pensada para que cualquier persona pueda disfrutar sin restricciones.
Así, la gastronomía se suma al proyecto cultural y social del espacio, reafirmando que lo popular también puede ser sinónimo de excelencia, cuidado y diversidad.

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