Cartagena suele ser recordada
desde su borde costero: playas, veranos y memoria balnearia. Pero tierra
adentro, lejos de esa imagen dominante, existe otro territorio —más silencioso,
pero profundamente vivo— donde se cultivan saberes, alimentos, vínculos y
formas de habitar en equilibrio con la naturaleza.
Desde ese lugar emerge
la Red Cartagena Rural, una
articulación de organizaciones que trabajan colaborativamente en el cuidado del
territorio y en la puesta en valor de su patrimonio biocultural.
Recientemente, la red activó
una ruta de turismo creativo -proyecto cofinanciado por Valparaíso
Creativo- que reúne a siete iniciativas locales en una experiencia inmersiva
que conecta gastronomía, agroecología, saberes ancestrales y prácticas
regenerativas.
“La ruralidad de
Cartagena es su raíz, aunque muchas veces permanezca invisible”
Cartagena es ampliamente
reconocida por su borde costero. ¿Cómo surge la necesidad de visibilizar su
dimensión rural y qué valor tiene este territorio en la identidad local?
“Es cierto que la fachada
histórica de Cartagena ha mirado el mar, pero su ruralidad es su raíz y
sustento. Sus campos invisibles, protegidos por el anonimato, han permitido a
familias campesinas sostener sistemas de vida ancestrales: formas de relacionarse
con otras especies, de crear, construir y producir alimentos que son, en su
raíz, esencialmente naturales y humanos.
En un tiempo donde los
territorios han sido erosionados, creemos que es justamente en esas grietas
donde emerge la vida y la posibilidad de ensayar nuevas formas. Desde ahí surge
la necesidad de visibilizar esta ruralidad: como un espacio vivo, creativo y
profundamente necesario.”
Hace algunas semanas
realizaron una ruta de turismo creativo junto a siete organizaciones de la Red
Cartagena Rural. ¿En qué consistió esta experiencia y qué tipo de propuestas o
relatos se activaron en el recorrido?
“Creamos la Ruta Cartagena
Rural como un recorrido de contacto, inmersivo y gastronómico por los saberes y
sabores que definen nuestra identidad cultural. Es una jornada que cruza
experiencias sensoriales, aprendizaje práctico y relatos territoriales.
El recorrido incluye distintas
estaciones: comenzamos alrededor del fuego con preparaciones ancestrales de
herencia mapuche; luego pasamos por una huerta agroecológica donde trabajamos
la siembra y la soberanía alimentaria; visitamos colmenas para comprender el
rol de las abejas en los ecosistemas; y continuamos con experiencias de
cosecha, cocina en hornos de barro y degustaciones de productos locales.
También integramos espacios de
creación, poesía, medicina natural y vida de granja. Todo esto en un circuito
que no solo muestra, sino que invita a participar, aprender y conectar.”
“El visitante deja
de ser espectador para convertirse en parte del proceso”
“La diferencia fundamental
está en el rol del visitante. En el turismo creativo y regenerativo, la persona
no es solo espectadora, sino que participa activamente en la experiencia.
Buscamos generar un impacto
positivo en el entorno, fortaleciendo a las comunidades campesinas y creando
una conexión real con las personas, sus prácticas y sus procesos. Es una
invitación a aprender haciendo, a reconocernos como parte de un sistema más amplio
y a reconstruir ese vínculo con la naturaleza y el territorio.
Hoy, quienes visitan Cartagena
buscan experiencias más auténticas, con sentido, donde puedan involucrarse,
aprender y vivir algo transformador.”
Construir
identidad para proyectar un territorio sostenible
Pensando en el desarrollo
futuro del territorio, ¿cuáles son los principales desafíos y oportunidades
para consolidar a Cartagena Rural como un destino de turismo creativo y
sostenible?
“Nuestro principal desafío es consolidar una identidad territorial en red. Queremos que nuestra narrativa sea una forma de proteger y cuidar el territorio, entendiendo la diversidad como una fortaleza.
Buscamos romper con modelos
tradicionales más fragmentados y avanzar hacia una lógica colaborativa, donde
cada iniciativa cumple un rol dentro de un ecosistema mayor. En ese sentido, el
turismo es una herramienta para educar, regenerar y proyectar.
Sabemos que, como las
semillas, estas iniciativas necesitan expandirse para sobrevivir. Por eso
nuestro enfoque está en compartir, en hacer del territorio una escuela y en
proyectar este trabajo hacia las futuras generaciones.”
Con esta ruta, Cartagena comienza a reescribirse desde su interior: no solo como destino turístico, sino como territorio vivo, donde la creatividad, la colaboración y el cuidado abren nuevas formas de habitar y proyectar el futuro.





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